El español hermafrodita

•4 junio 2010 • Dejar un comentario

Hace años, una joven profesora de inglés originaria de Blackpool me contó algo sorprendente: en su país algunas feministas radicales reivindicaban el uso del término “hu-person” en vez de “human” para referirse al género humano. El motivo de tal necedad era la presencia de la sílaba “man”, que en inglés significa hombre, dentro del vocablo de origen latino. La palabra human debía, por tanto, ser erradicada de la lengua de Shakespeare ya que, en opinión de aquellas ninfas exaltadas, asociaba lo humano con lo masculino.

Pensé entonces que una idiotez tan sublime debía ser exclusiva de los anglosajones, que se me antojaban extravagantes y muy distintos a los castizos españoles. El paso del tiempo, sin embargo, me ha demostrado dos cosas: en primer lugar lo equivocado que estaba respecto a los británicos y en segundo que no existe nada con mayor vocación globalizadora que la estupidez. En la España del siglo veintiuno la corrección política, santo grial de gobernantes y personajes públicos, ha alumbrado un nuevo uso del idioma que podríamos denominar “Español Hermafrodita”.  Esta variante del castellano consiste en sustituir compulsivamente los sustantivos genéricos por sus formas masculina y femenina emparejadas. Por ejemplo, un hablante hermafrodita no dirá “españoles”, “ciudadanos”, “amigos”, “vecinos”, “compañeros” sino “españoles y españolas”, “ciudadanos y ciudadanas”, “amigos y amigas”, “vecinos y vecinas”, “compañeros y compañeras”. Manifestará así el ilustrado contemporáneo fervor religioso por la igualdad de sexos. Observará con rigor el manual de estilo progresista y sacrificará impúdicamente los fundamentos del idioma empleando, además, el doble del tiempo necesario para construir la más simple oración.

En una de esas digresiones que la mente de uno tiene con bastante frecuencia, imaginé qué habría sido de nuestro idioma si el castellano hermafrodita se hubiera implantado hace siglos. Visualicé a nuestro ilustre Bécquer tratando de cuadrar una de sus más famosas rimas en la nueva variante del español: “Volverán las oscuras golondrinas y los oscuros golondrinos de tu balcón sus nidos a colgar, pero aquellos y aquellas que el vuelo refrenaban tu hermosura y mi dicha al contemplar, esos y esas que aprendieron nuestros nombres, esos y esas no volverán”. Bajo esta misma perspectiva revisé la poesía de Miguel Hernández, Lorca, Alberti, Neruda y otros genios de nuestra lengua y obtuve resultados igualmente hilarantes. Aparecieron andaluzas de Jaén, aceituneras altivas, palomos equivocados y un sinfín de personajes bisexuales, hijos imaginarios de la corrección política retroactiva.

Divertido con el experimento, me sentí a salvo de la influencia perniciosa de la nueva lengua al pensar que quizás los universitarios mostrásemos cierta resistencia natural al virus hermafrodita. Sin embargo, estaba equivocado. Antes de finalizar el pasado curso académico me reuní con otros profesores (y profesoras, no vayan ustedes a pensar mal…) para debatir sobre la elaboración de los nuevos planes de estudios adaptados al espacio europeo de educación superior. En dicha reunión, aterrizó en mis manos un documento de la ANECA (Agencia nacional de evaluación de la calidad y acreditación) que comenzaba así: “los alumnos y alumnas egresados y egresadas de nuestros centros deberán desarrollar las competencias necesarias para una correcta inserción en el mercado laboral” y continuaba en el más puro neoespañol enumerando las directrices que debíamos seguir en los nuevos estudios. Sin mediar palabra le mostré el texto al compañero sentado a mi lado señalándole el circunloquio de sexos del inicio del documento. Mi amigo sentenció con irónica sonrisa: “Chico, mientras no aprendamos a pronunciar la @ estamos jodidos”.

Este comentario fue muy revelador y no pude sino aplaudir la aguda inteligencia de mi colega; la forma escrita del español hermafrodita era mucho más elaborada y eficaz que su alternativa oral ya que se había gestado en el ciberespacio. Los hablantes hermafroditas sustituyen desde hace tiempo la “o” de los sustantivos masculinos por el conocido símbolo de la arroba (@). De este modo, cuando se dirigen a sus amigos (y amigas) escriben “Amig@s”.

Esta nueva grafía electrónica es una ingeniosa resolución del problema derivado de la duplicidad de sexos propia del hermafroditismo lingüístico. Mantiene la natural economía del lenguaje a la vez que hace un guiño a la corrección política de la paridad. Debo admitir por consiguiente que, desde el más profundo rechazo hacia la bisexualidad del español, el empleo de la @ dentro del ciberespacio no me incomoda en absoluto.

Con esta perspectiva tolerante, en otra de mis digresiones traté de articular un procedimiento para el traslado inmediato del hallazgo al idioma hablado. Seguidamente, compartiré con ustedes mi propuesta con la esperanza de que la ensayen en sus ratos libres. La grafía @ ha de representar simultáneamente a la “o” del masculino y a la “a” del femenino. Por tanto, para pronunciarla deben poner la boca formando una O pero deben decir “aaaaaaaaa”. Si lo hacen correctamente obtendrán un extraño sonido gutural: habrán pronunciado la @.

Practiquen sobre el ejemplo de antes: “Volverán las oscur@s golondrin@s de tu balcón sus nidos a colgar, pero aquell@s que el vuelo refrenaban tu hermosura y mi dicha al contemplar, es@s que aprendieron nuestros nombres, es@s no volverán”. Podrán comprobar que con un par de intentos es suficiente para recitar a Bécquer en perfecto hermafrodita sin menoscabo alguno de la rima y el lirismo del poema.

Aplíquense pues, paladines de la nueva lengua, el procedimiento anterior y dejen de castigarnos a quienes no la utilizamos con letanías bisexuales en sus discursos y escritos. Puedo garantizarles que su imagen pública no se verá dañada, sus discursos nos divertirán y, además, crearán “tendencia”.

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De los ricos hablaremos mañana

•12 mayo 2010 • 11 comentarios

De las nueve medidas anunciadas hoy por el presidente del gobierno la más llamativa es la décima: “Se iniciará un diálogo para valorar la posibilidad de subir los impuestos a la rentas más altas”.  Es decir, quienes eran ricos antes de la crisis y se enriquecieron aún más mientras la provocaban no van a padecer ni una sola de las consecuencias del ajuste. Aquellos que sí las van a disfrutar a partir de ahora y quienes ya sufren en silencio los efectos de una situación económica insostenible deben comprenderlo: son medidas de un gobierno de izquierdas que protege a los trabajadores. De un ejecutivo de “progres” con trajes de Armani y mansiones de lujo que ha empleado más tiempo y esfuerzo en el onanismo intelectual de la paridad, igualdad y alianza de civilizaciones que en promover una sola iniciativa capaz de impedir el desmoronamiento de la economía española.

El gobierno de Aznar vivió una época de bonanza económica y contribuyó a inflar la burbuja. El de Zapatero la cortejó cuando ya estaba entrada en carnes y con desvergüenza la siguió alimentando hasta que inevitablemente estalló de pura gula. Comenzó entonces el proceso de negación de la realidad con el advenimiento del eufemismo “desaceleración económica” y la posterior metáfora de los “brotes verdes” que, por desgracia, nunca florecieron. 

Se inició después la toma de medidas: plan E (de Estupidez) que generó grandes gastos en obras públicas innecesarias y nula creación de empleo. Subida del IVA, tortura exquisita para los trabajadores con pocos recursos y excelente catalizador para retraer aún más el consumo. Planes de resurrección del muerto maloliente que a día de hoy es el sector de la construcción y, finalmente, recorte de salarios y prestaciones sociales.

En este aquelarre que han sido los últimos años de gobierno socialista no podía faltar el sacrificio ritual. Era doloroso pero imprescindible que la sangre del cordero se demarrase para que nuestro líder, de teórico rojerío, pudiese invocar la salvación económica del país mientras especuladores y millonarios, defraudadores, banqueros, ministros y ministrables inútiles, portavoces, consejeros y alcahuetes, ladrones acaudalados en definitiva, alcanzasen el orgasmo al ver hincar en el cuello del borreguillo funcionarial la daga del recorte económico.

Que en la medida se conculquen los derechos de dos millones de trabajadores no es en absoluto lo más grave. Lo realmente serio es que ese rebaño de dóciles ovejas, ahora desconfiadas, mantenía desde su modesta y teórica estabilidad un razonable nivel de consumo e inversión. El sumo sacerdote ha pasado por alto que, si esa manada no come o come menos, él mismo tendrá menos lana que vender y a poco que el invierno llegue frío todos pasaremos más hambre. Si esto ocurre, es de presumir que el altar volverá a sangrar la savia de los mismos. Esta vez con instrumentos de tortura más crueles: expedientes de regulación de empleo o rescisiones de contratos. Si ha de ser que así sea, pero de los ricos: hablaremos mañana.

Primer amor

•8 febrero 2010 • 5 comentarios

Mientras conducía se acordó de ella. Se conocieron veintisiete años atrás. La amó como sólo los niños saben pero ella, personaje voluble y caprichoso, lo atormentó durante meses y se fue sin palabras de despedida. No quedaron heridas, ni siquiera cicatrices. Había pasado tanto tiempo que en su memoria no permanecía ni un esbozo de aquel rostro. Raras veces la recordaba, sólo cuando algo lo empujaba a volver a la adolescencia evocaba con una sonrisa el candor de aquella primera relación.

A sus cuarenta y tres años albergaba aún cierta inquietud infantil hacia ella. ¿Sería gruesa y fea o por el contrario una atractiva mujer madura? ¿Tendría hijos? ¿Estaría casada? Era una curiosidad sana, llena de benevolencia, con la que miraba al pasado convencido de que aquella niña pija de ideas contradictorias se habría convertido en una mujer cabal.

El semáforo se puso en ámbar; detuvo el coche. Vio entonces a un BMW plateado que se acercaba a gran velocidad y escuchó el doloroso gemido de los neumáticos. Instintivamente, levantó el pie del freno y una fracción de segundo después se encontró al otro lado del cruce, aturdido pero ileso. Se sobresaltó al ver el estado en que había quedado el otro vehículo y con premura se dirigió hacia él.

A través del cristal pudo ver a una mujer madura, demasiado rubia, de pelo lacado en exceso y vestido opulento que tenía dificultades para abrir la puerta. Tiró de la manilla y le preguntó si se encontraba bien. Ella respondió insultándolo por haber parado en el semáforo en ámbar. Extrajo del vehículo, con premeditada parsimonia, sus dos piernas enfundadas en medias negras y se quitó uno de los zapatos al que le faltaba un enorme y esbelto tacón.

Trató de calmarla razonando sobre la peligrosidad del cruce y el exceso de velocidad al que circulaba. Ella miró a sus botas de montaña y escaló por ellas hasta sus raídos vaqueros. Concentrada, cruzó al paso la llanura de cuadros de aquella camisa de seis euros  y, sin llegar a mirarlo a los ojos, un mohín de disgusto perturbó su rostro. Le entregó entonces su tarjeta diciéndole que le enviase un SMS con sus datos; el seguro se encargaría de todo. Sacó un móvil a juego con el bolso que yacía en el asiento y llamó en tono autoritario al servicio de asistencia en carretera.

Él se encogió de hombros y miró el reloj. Faltaban veinte minutos para que empezase el curso de doctorado que impartía como profesor invitado. Si su coche podía circular aún llegaría a tiempo. Comprobó que las ruedas traseras giraban libremente, se sentó arrojando la tarjeta en el asiento del copiloto y emprendió la marcha. Contrariado, penso en lo insufrible que le había resultado aquella mujer pero al hacerlo no pudo evitar una sonrisa: su rictus de aprensión mientras le pasaba revista había sido extraordinariamente ridículo.

En el siguiente semáforo tomó con indiferencia la tarjeta. Era una de esas tarjetas de visita rancias, de papel grueso color crema, donde los matrimonios con posibles ponen primero el nombre de él y debajo él de ella. Leyó: Luis Franciso Arias Ferrán-Smits y María Isabel Vigil Álvarez – C/ de Miguel Ángel 7, Madrid.  El semáforo se tornó verde. Encendió el productor de MP3 que tenía conectado a la toma del mechero e hizo sonar un disco de salsa. Marcando el compás de la música en el volante sentenció que encontrarse de nuevo con ella era una revelación. Empezó a especular sobre el contenido del mensaje que enviaría a su caro teléfono. Su sonrisa tenía ahora un toque de ironía y recordaba a la de un niño a punto de cometer una travesura. ¿Serían suficientes 160 caracteres?

Vinieron del este

•22 enero 2010 • 4 comentarios

Su primer recuerdo fue el olor acre del pequeño habitáculo donde dormitaba junto a su madre. La luz se filtraba por las rendijas de las paredes. Sus inmaduros ojos negros trataban de presagiar qué habría más allá, pero sólo acertaban a intuir un espacio grande y frío.

Los gritos de aquel hombre lo hacían temblar aunque ansiaba su llegada; una tímida ráfaga de aire fresco entraba con él y a veces se le permitía comer.

El día que escuchó aquella voz áspera tuvo que irse solo. Un manto blanco y ardiente cubría el suelo. A empujones lo obligaron a entrar en la caja del camión. Allí pudo ver a muchos como él, anegados de resignación, con la mirada vacía.

Durante horas viajó arropado en orina y heces. El calor se hizo insoportable. No había agua. Algunos de sus compañeros yacían inmóviles. Sin saberlo, deseó ser cómo ellos, que todo terminase.

Lo sacaron del camión y lo llevaron a un lugar extraño de luz fría y barreras invisibles. Muchos ojos lo vieron pero ninguno presintió que sufría. Los días de luz y oscuridad se sucedieron: los primeros pasaban lánguidos los segundos, uno de cada siete, lo estremecían. Una mañana fue de nuevo trasladado. En aquella casa le asignaron una pequeña cama. Durante días permaneció inmóvil, tal y como había aprendido. Aquellas personas se acercaban, lo tomaban en brazos, le sonreían, pero él no sabía responder.

Pasó el tiempo y un hálito de curiosidad lo impulsó a conocer aquel lugar. Encorvado, pisando con timidez empezó su viaje. Se sobresaltó al ver que había entrado en una habitación llena de gente. Nadie gritó ni lo increparon, sonreían como si su presencia les agradase. Extrañado, permaneció allí mirándolos fijamente.  

A pesar de aquel tenaz dolor en el vientre fue aprendiendo a sonreír, a agradecer las muestras de afecto que recibía. Tampoco está vez lo llegó a comprender, pero era feliz.

El animal que se alojaba en sus entrañas era cruel. Transido de dolor se tumbó inmóvil. Los rostros a su lado mostraban inquietud. No había sonrisas. Cuando despertó pudo ver a aquellas mujeres de bata verde. Agujas le atravesaban la piel, tubos y bolsas de plástico lo rodeaban. Su familia estaba junto a él, acariciándolo, meciéndolo con dulces palabras. Sintió que algo denso y caliente se deslizaba entre su cuerpo y la mesa de metal. La luz fue lentamente haciéndose más oscura. Su última mirada fue para ellos. Se fue sin miedo, con dignidad.

Cuando la joven veterinaria informó a sus clientes de que el cachorro había muerto desangrado, el niño, que fingía entereza, se abalanzó sobre su padre. Éste sólo acertó a decirle que no se preocupase, que comprarían otro perro. Pero no fue así, el niño se hizo hombre y nunca aceptó a otro cachorro: su perro había sido él. Aquel que vino del este. El que fue más fuerte que sus hermanos. El que malvivió en la pecera de vidrio de un centro comercial. El que soportó a otros niños y presuntos compradores que a diario golpeaban las paredes de su casa. El que permaneció en la oscuridad los días festivos. El que descubrió lo que era el calor humano en brazos de sus dueños pero hubo de partir cuando la enfermedad, inseparable compañera de viaje, logro someterlo.

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El tráfico de animales mueve al año 8.000 millones de euros. Es el tercer negocio más lucrativo después del tráfico de armas y drogas. La mayor parte de los perros vendidos en tiendas españolas procede, legal o ilegalmente, de los países del este. Allí la cría se realiza en granjas donde cientos de ejemplares sobreviven en condiciones infectas. No existe control en el apareamiento. La reproducción puede ser totalmente endogámica. No se descartan para la crianza los animales con taras hereditarias, no hay revisiones veterinarias y las hembras son explotadas hasta que dejan de ser fértiles, momento en el que se las sacrifica.

Un perro de raza cuesta en origen menos de 60€ y es vendido en España por un importe como mínimo 10 veces superior. El traslado de los animales se hace normalmente por carretera. Dura varios días, durante los cuales no reciben alimento ni bebida. Muchos de los cachorros no sobreviven. Los que lo hacen suelen llegar deshidratados, mal alimentados, con parasitosis y dolencias de índole muy variada.

El Seprona ha decomisado numerosos cargamentos destinados a abastecer grandes tiendas de las capitales. La mayor parte de estos negocios ofrecen como garantía la entrega de otro animal en el caso de que enferme el que se ha adquirido. El perro es tratado como un objeto y la garantía es inútil, puesto que prácticamente nadie es capaz de devolver al animal una vez ha convivido con él.

Si tienes intención de adquirir un cachorro de perro, gato o cualquier otro animal de compañía, exige que te presenten la documentación que acredita su legalidad. Averigua su procedencia, verifica que el vendedor dispone del certificado de importación y si es posible no compres animales provenientes de países donde sospeches que la situación sanitaria o el trato dispensado al animal puedan no ser correctos. Si buscas un perro de raza dirígete a un criador reconocido. Visítalo. Conoce a los padres del cachorro. Observa cómo es el criadero y como son tratados los animales. Rechaza a aquellos que no te satisfagan aunque el precio sea más bajo: las posibilidades de obtener un animal realmente sano y sin problemas hereditarios será mucho mayor. Finalmente, decidas lo que decidas sé consecuente con él y trátalo con respeto, por desgracia en nuestro país no somos diferentes.

Profesores de Prestigio

•14 enero 2010 • 1 comentario

Escuela de Ingeniería de Minas de Oviedo

La polémica suscitada por el posible traslado a Mieres de la Escuela de Minas de Oviedo dejó declaraciones en la prensa local dignas de la hemeroteca de la simpleza y el descaro. La más destacada de estas joyas literarias es una entrevista realizada a D. José Pedro Sancho Martínez, titulada “Minas sale perdiendo si se traslada a Mieres”. En ella, el Sr. Sancho, Catedrático de Ciencia de los Materiales e Ingeniería Metalúrgica, se erigió abanderado del movimiento de resistencia y, con meridiana claridad, expuso cuáles eran los motivos por los que el centro no debe ser trasladado al Campus de Mieres. Valorar las evidentes razones por las que la Escuela de Minas debiera haberse integrado en el Campus de Barredo no es objeto de este artículo. Sí lo es, sin embargo, puntualizar las declaraciones que tan ilustre colega hace de quienes voluntariamente hemos decidido desarrollar parte de nuestra labor docente o investigadora en el Campus mierense.

Campus de Mieres

En el diálogo mantenido con su entrevistador, D. José sienta cátedra respecto a dos temas: la competencia del profesorado destinado a Mieres y la solución a los problemas de esa localidad. Seguidamente, transcribiré la parte más interesante de la entrevista:

 J. S.,- ¿Cree que un profesor de prestigio querrá irse a Mieres?

Entrevistador,- Suena a prejuicio clasista.

 J. S., – No es clasismo hacia Mieres ni segregación. Yo no tengo fobias a Mieres, pero no se puede engañar a la ciudad, darle promesas que son humo. Veremos qué dinero genera el campus. A Mieres se le ayuda rejuveneciendo la población, con más trabajo y mejorando sus calles.

Empezaré por analizar el segundo asunto que, no siendo el más importante, es sin duda el más jocoso. Mieres necesita rejuvenecer su población: obviamente, como toda Asturias, España y una buena parte de la Unión Europea. ¿Cómo pretenderá D. José acometer tan ardua tarea? Personalmente, no tengo ninguna idea al respecto. Sin embargo, voy a permitirme aventurar algunas propuestas que quizás pudieran estar en la línea de pensamiento del Sr. Catedrático. Se podría, como medida de choque, prohibir la venta de anticonceptivos en toda la villa. También parece razonable perturbar el espectro radioeléctrico en la zona, impidiendo la sintonización de las señales de televisión. O, ¿por qué no?, hacer ambas cosas simultáneamente. Con esas peculiares condiciones de contorno los mierenses, inevitablemente, se darían al sano goce carnal y en pocos años la ciudad estaría repleta de hermosos y tiernos retoños.

Entre tanto sería imprescindible, tal y como apunta D. José, asfaltar las calles del pueblo para que los carruajes en los que viajamos a diario no se atranquen en el lodo. Evitaríamos así que nuestra frecuente entrada en clase ataviados con madreñas fuese un motivo más de distracción para los discentes.

Pasaré ahora al segundo tema, pero antes de hablar sobre los profesores de lustre y renombre que no dudan en mantenerse lejos de la contaminación intelectual que infesta Barredo, he de aportar ciertos datos que permitirán valorar los comentarios del Sr. Sancho Martínez en su justa medida.

La primera y única vez que coincidí personalmente con D. José Pedro Sancho Martínez fue en una reunión celebrada con el Sr. Herminio Sastre, actual viceconsejero de ciencia y tecnología. A dicho encuentro acudieron todos los investigadores de la Universidad de Oviedo que habían obtenido ayudas económicas, con cargo a los fondos mineros, para ampliar o instalar nuevos equipos en el Campus de Mieres. Previamente, la Universidad de Oviedo había convocado un concurso, al que muchos de nosotros concurrimos, con el fin de obtener fondos para realizar investigaciones relacionadas con la minería desde el Campus de Barredo. Uno de los requisitos de esta convocatoria era la vinculación de los investigadores con el Campus, ya que Mieres es el destino de todos el material e instalaciones sufragados con cargo a los fondos mineros.

En este enlace se encuentra la resolución de la Universidad de Oviedo que permite comprobar cómo el Sr. Sancho Martínez recibió la nada despreciable suma de 210.000 € para investigar en el Campus de Mieres. Facilitados estos datos tan esclarecedores y vistas las declaraciones de D. José a la prensa sólo se pueden extraer dos conclusiones: o bien el Sr. Catedrático no se incluye entre el colectivo de Profesores Distinguidos o, si lo hace, el prestigio al que alude para sí mismo es mercenario; mamar con voracidad de los fondos mineros es tarea digna cuando sirve para financiar la compra de equipos, sin embargo, cuando la teta no da leche abundante lo mejor es no acercarse a la vaca, no sea que haya que limpiar estiércol.

Declaraciones tan lamentables como las de D. José no ofenden. Por el contrario distinguen a su autor, que pone de manifiesto poco tacto y un profundo sentido localista, impropio de alguien medianamente ilustrado.

Estoy prácticamente seguro de que D. José no se plantea ni por un momento abandonar la capital para irse a trabajar a ningún otro lugar, ocurra lo que ocurra en él. La comodidad de tener, durante décadas, el cortijo en la Escuela de Minas de Oviedo es totalmente irreemplazable.

Saint Paul Lez Durance

En Francia se encuentra un pueblo llamado Saint Paul lez Durance. Tiene 792 habitantes, 1 hotel y 3 restaurantes. Durante muchos años este pequeño lugar se mantuvo alejado de las grandes vías de comunicación y toda su vida se desarrolló en torno al río que lo atraviesa. En 1959 se inició la instalación del Centro de Investigación Atómica de Cadarache a 2 km del pueblo. Actualmente, en él se diseñan y fabrican los reactores nucleares de los submarinos franceses y se desarrollan numerosos proyectos de investigación. Por si esto fuera poco, el segundo proyecto mundial en importancia tras la estación espacial internacional, el ITER (Internacional Termonuclear Reactor), se ubicará en el entorno de Saint Paul. Con toda seguridad, el número de científicos de verdadero prestigio que ronden durante muchos años el pueblecito será mayor que toda su población.

Desgraciadamente, en nuestra Universidad tenemos al menos a un catedrático que nunca iría a investigar a un lugar de esas características. Sin duda, nuestro amigo no cambiaría los aires de Vetusta por los de la montaña francesa. ¿Cómo podríamos comparar un paseo junto al Campoamor, el Reconquista o el parque de San Francisco con tomar una caña en una tasca de pueblo, aunque en ella tu acompañante pueda ser un premio Nobel?

Futuro asentamiento del ITER a 4 km de Saint Paul Lez Durance

Afortunadamente para quienes pertenecemos a esta Universidad y pagaríamos por irnos a Saint Paul, cada vez quedan menos “profesores de prestigio”, menos aduladores del oropel y la comodidad y más profesores que saben que el renombre, como todo lo que nos distingue, hay que vestirlo por dentro. Dejemos pues que D. José siga disfrutando de la capital y gocemos de un Campus moderno, con excelentes instalaciones, preñado de gente joven y espíritu emprendedor.

Vidas Minadas (autor: Gervasio Sánchez)

•8 enero 2010 • Dejar un comentario

Gervasio Sánchez es periodista y fotógrafo. Desde 1984 hasta 1992 su carrera se centró en dar cobertura a los conflictos bélicos de América Latina y la Guerra del Golfo. Posteriormente, trabajó como reportero en la guerra de los Balcanes y algunos conflictos de África y Asia. Ha colaborado con la BBC, la Cadena SER, la Vanguardia, el Heraldo de Aragón y la revista Tiempo. Su trabajo ha sido objeto de numerosos y prestigiosos premios. A continuación, os dejó el discurso que leyó al recibir el premio Ortega y Gasset entregado por al diario El País junto con alguna de sus fotografías.  

Estimados miembros del jurado, señoras y señores:  

Es para mí un gran honor recibir el Premio Ortega y Gasset de Fotografía convocado por El País, diario donde publiqué mis fotos iniciáticas de América Latina en la década de los ochenta y mis mejores trabajos realizados en diferentes conflictos del mundo durante la década de los noventa, muy especialmente las fotografías que tomé durante el cerco de Sarajevo.

Quiero dar las gracias a los responsables de Heraldo de Aragón, del Magazine de La Vanguardia y la Cadena Ser por respetar siempre mi trabajo como periodista y permitir que los protagonistas de mis historias, tantas veces seres humanos extraviados en los desaguaderos de la historia, tengan un espacio donde llorar y gritar. No quiero olvidar a las organizaciones humanitarias Intermon Oxfam, Manos Unidas y Médicos Sin Fronteras, la compañía DKV SEGUROS y a mi editor Leopoldo Blume por apoyarme sin fisuras en los últimos doce años y permitir que el proyecto Vidas Minadas al que pertenece la fotografía premiada tenga vida propia y un largo recorrido que puede durar décadas. 

Señoras y señores, aunque sólo tengo un hijo natural, Diego Sánchez, puedo decir que como Martín Luther King, el gran soñador afroamericano asesinado hace 40 años, también tengo otros cuatro hijos víctimas de las minas antipersonas: la mozambiqueña Sofia Elface Fumo, a la que ustedes han conocido junto a su hija Alia en la imagen premiada, que concentra todo el dolor de las víctimas, pero también la belleza de la vida y, sobre todo, la incansable lucha por la supervivencia y la dignidad de las víctimas, el camboyano Sokheurm Man, el bosnio Adis Smajic y la pequeña colombiana Mónica Paola Ojeda, que se quedó ciega tras ser víctima de una explosión a los ocho años. Sí, son mis cuatro hijos adoptivos a los que he visto al borde de la muerte, he visto llorar, gritar de dolor, crecer, enamorarse, tener hijos, llegar a la universidad. Les aseguro que no hay nada más bello en el mundo que ver a una víctima de la guerra perseguir la felicidad. 

Es verdad que la guerra funde nuestras mentes y nos roba los sueños, como se dice en la película Cuentos de la luna pálida de Kenji Mizoguchi. Es verdad que las armas que circulan por los campos de batalla suelen fabricarse en países desarrollados como el nuestro, que fue un gran exportador de minas en el pasado y que hoy dedica muy poco esfuerzo a la ayuda a las víctimas de la minas y al desminado. Es verdad que todos los gobiernos españoles desde el inicio de la transición encabezados por los presidentes Adolfo Suarez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero permitieron y permiten las ventas de armas españolas a países con conflictos internos o guerras abiertas. Es verdad que en la anterior legislatura se ha duplicado la venta de armas españolas al mismo tiempo que el presidente incidía en su mensaje contra la guerra y que hoy fabriquemos cuatro tipos distintos de bombas de racimo cuyo comportamiento en el terreno es similar al de las minas antipersonas. Es verdad que me siento escandalizado cada vez que me topo con armas españolas en los olvidados campos de batalla del tercer mundo y que me avergüenzo de mis representantes políticos. Pero como Martin Luther King me quiero negar a creer que el banco de la justicia está en quiebra, y como él, yo también tengo un sueño: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte.  

Muchas gracias.

Si esta entrada os ha interesado, no dudéis visitar el blog del autor y leer “La cobardía de los políticos débiles

Indolencia policial

•4 enero 2010 • 1 comentario

El envío de este texto a la columna de Gijón de El diario El Comercio dio lugar a la inmediata movilización de la policia local, a quién sinceramente agradezco su diligencia para desalojar los vehículos mal estacionados. Desde entonces, la circulación por la C/ Cuenca es más cómoda, y sobre todo, mucho más segura.

Quienes circulamos a diario por la calle Cuenca disfrutamos del triste espectáculo que la Policía Municipal de Gijón ofrece al no observar una de sus más elementales obligaciones: la vigilancia del cumplimiento de las normas de tráfico.

La intersección de la calle Cuenca con la de Antonio Cachero es un punto conflictivo de muy escasa visibilidad. Por ello, desde el edificio central de la Policía Municipal y a todo lo largo de la calle de Antonio Cachero el estacionamiento está prohibido. Sin embargo, los conductores debemos a diario sortear media docena de vehículos permanentemente aparcados en el cruce y sus alrededores. Lo sorprendente de esta situación es que el conjunto de vehículos mal estacionados es perfectamente visible desde la entrada del edificio policial y la calle donde se cometen las infracciones es camino obligado para decenas de agentes en su incorporación y salida de sus puestos de trabajo.

Recientemente, tuvo lugar un accidente con intervención de los servicios sanitarios en ese punto. Durante la siguiente semana la Policía Municipal desveló su máximo celo en el cumplimiento de la normativa, llegando incluso a retirarse varios vehículos con la grúa municipal. Sin embargo, poco más de un mes después del lamentable suceso la situación es la que se recoge en la fotografía, tomada el día 31 de diciembre a las 5 de la tarde. Los agentes de la Policía Municipal siguen paseando a diario por la calle Antonio Cachero haciendo gala de una indignante indolencia en el desempeño de sus funciones. Así las cosas, los infractores han vuelto a su coto particular y con ellos el riesgo y las molestias para el tráfico rodado. Quienes diariamente salimos a ciegas al cruce confiamos en que el ayuntamiento tome medidas para que la policía municipal cumpla su obligación, o en su defecto, autorice el aparcamiento e instale los medios necesarios para evitar accidentes como el ya ocurrido.