Reflexión sobre la belleza

Pancho

 “Cerca de aquí reposan los restos de un ser que poseyó la belleza sin la vanidad, la fuerza sin la insolencia, el valor sin la ferocidad y todas las virtudes del hombre sin vicios”.

Lord Byron (en el epitafio a su perro).

Los paseos por la playa en compañía de mi perro son un acontecimiento festivo. Él goza en libertad del mar y yo de ese inocente y contagioso entusiasmo con el que sólo los animales son capaces de festejar la vida. Hace algún tiempo, una de estas salidas se convirtió en una experiencia sorprendente. Mi compañero, un hermoso bulldog Inglés, mezcla perfecta de bondad, flema británica y holgazanería latina, entabló amistad con un cachorro; un perro mestizo, de color grisáceo, cuerpo desgarbado y movimientos infantiles. La vitalidad de aquel animal, su emoción al jugar y la alegría con la que recibió a su nuevo compañero parecían ilimitadas. El juego llegó a tales cotas de agitación que hube de rescatar a mi camarada de las fauces de su colega para no terminar transportando a un animal exangüe, incapaz de volver a casa por sus propios medios. Cuando abracé al chucho para separarlos quedé impresionado: el perrillo no tenía ojos, su lugar lo ocupaban dos ojales cerrados. Palpándole el cráneo pude comprobar que ni siquiera existían cuencas para albergarlos. Su propietaria, una joven de acento argentino, me dijo que el cachorro sufría una malformación congénita. Admirado, lo llamé para acariciarlo pero ni siquiera se giró. La chica me dijo con una sonrisa: “tienes que tocarlo, no te oye porque tampoco tiene oídos”. Un roce de mi mano fue suficiente para que se dirigiese hacia mí y palpándome con las patas tratase de lamerme, mientras meneaba el rabo sin descanso.

Sin dejar de pensar en lo que acababa de presenciar me despedí de la chica y continuamos el paseo. Mientras observaba la estampa de mi perro y el cadencioso movimiento de sus cuartos traseros, mi memoria proyectó la imagen de Marylin Monroe descendiendo de un tren de vapor con un provocador contoneo de caderas. Quizás aquella visión fugaz de la musa del celuloide fue lo que me hizo reflexionar sobre la belleza. Así, tuve la seguridad de que aquel peluche de ojos arrancados, que vivía refugiado en un mundo de aromas y caricias, era uno de los seres más hermosos que había tenido el privilegio de observar. Recordé entonces la sabiduría de Borges al decir: “Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso”.

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~ por Orfeo en 24 junio 2010.

4 comentarios to “Reflexión sobre la belleza”

  1. Es temprano y la lectura de estas líneas me ha alegrado el día que comienza. Creo que lo dices muy bien y sobre todo, con un bajo coste en palabras. Debería haber escrito simplemente: sin comentarios, pero podía dar lugar a malentendidos. Un cordial saludo y esperemos algun momento de felicidad.

  2. Muchas gracias María :).

  3. Acabo de entrar al blog a ver si habías actualizado, veo que no… Al contrario que María, a mi me ha alegrado la noche ya entrada, que bonito relato. La verdad, es que lo que te pasa a ti, no le pasa a nadie…

    Intento imaginar al pequeño y no puedo, debió ser una situación extraña pero mira, como tu dices, es bello por todo lo que en un momento te hizo pensar y te enseñó, y tu ahora nos enseñas a nosotros.

    Eso sí, muchos no te van a perdonar que compares las curvas peligrosas de la diosa Monroe con la trasera de tu precioso Pancho jajajaja…

    Saludos ya hablamos 🙂

    • Me alegro de que te haya gustado Raquel. Fíjate qué curioso que hace unos días me lo he vuelto a encontrar. Esta vez con una niña en la calle. Ya ha crecido. Ahora tendrá unos 8-9 meses. Ha cambiado de aspecto pero no de comportamiento. Tiene exactamente el mismo entusiasmo, las mismas ganas de jugar, los mismos saltos para lamerte en cuanto lo tocas. Vamos, algo increíble. No me atreví a decirle nada a la niña pero me hubiera gustado mucho tener la oportunidad de fotografiarlo y ponerlo aquí.

      Respecto del culo de Pancho y el de Marilyn, cada uno en su estilo es extraordinario. Seguro que ella no se enfadaría por la comparación… :).

      Hasta pronto.

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